A menudo siento deseos de caminar solo... mirando el suelo o al cielo y, sin saber muy bien donde ir, seguir derecho.
Hoy fue un dìa de aquellos.
Comencè en El Golf, fui a ver unos cursos varios... excusas... asì lograba perder tiempo, y ni siquiera para utilizarlo en otra cosa, sino, tiempo que podrìa utilizar en darle vueltas a situaciones en mi cabeza, eso me asusta, asì que, haciendo "cosas" mi cerebro logra distraerse.
Caminè... caminè y... caminè... llegando a Providencia di màs vueltas observando, ni idea què, portadas de revistas, libros, discos.
Al comenzar a meditar giraba la cabeza y obligaba a mi mente a no doblegarse. Què hacer...? si visitaba a algùn amigo estaba obligado a retroceder en los dìas y contar aquella precisa situaciòn que intento obviar, rechacè la idea. Optè por seguir cansandome, en una de esas, si lo lograba, llegarìa a casa agotado, añorando mi cama.
Caminè.
Pero debìa pasar, sabìa que pasarìa: en una callejuela vieja de Santiago Centro encontrè una librerìa maravillosa, con textos viejos, con aquèl aroma inconfundible de esas hojas acabadas por los años, me encanta. Entro casi tìmido, mirando, la señora que atendìa me hace un gesto y entrè; luego de dos o tres palabras me invita a sentarme y hojear lo que desee. Al parecer pasò mucho tiempo, yo seguìa extasiado repasando una y otra tapa de cuero antiguo.
Y esto es lo que debìa pasar: a mi derecha dejè cinco libros, a mi izquierda los que no me interesaron mucho. La señora que me atendio se acercò, se sentò a mi lado bebiendo un cafè: "... vaya, vaya, buenos temas, Egipto, matizado con esos bellos textos de monarquìa, quieres llevarlos todos??" asentì con mi cabeza, innato, al acercarnos al mesòn repasè, mentalmente, sus palabras; monarquìa? escogì eso?
La mirè a los ojos, tomè los libros y los repasè, fueron segundos que sentì como minutos eternos, de los cinco libros 4 eran de monarquìas europeas, historia medieval francesa, el cine de los años 20' y grandes actrices del cine antiguo. Vi todas las portadas, al terminar la ùltima comprendì todo... innatamente deseo seguir como estaba. Viene un calor interno muy extraño, un sentimiento de explosiòn, mis ojos se sienten hùmedos... y lloro. Jamàs me doy esa licencia, sòlo quien es de mi extrema confianza puede verme asì y, hoy, una vendedora añosa, me mira extrañada, arqueando sus cejas entiende que algo pasa.
Nunca parè... llorè... y tanto que mis manos estaban hùmedas, era tarde, la mujer canosa cierra una cortina de metal y se sienta a mi lado, en silencio, me sirve un cafè y me ofrece un pañuelo de papel. Ahì reacciono, yo no debo llorar, menos en pùblico. Ella me observa y me dice que en mucho tiempo no habìa visto a alguien tan orgulloso llorar. Le pido disculpas, me pongo de pie para irme, le pido disculpas y le doy las gracias. Antes de salir me tiende su mano, me acaricia la cara y en bellos susurros me dice: "...tranquilo, todo pasarà... te lo puede asegurar una mujer màs vieja que muchos de los libros que hay acà... ese corazòn sanarà, pero si en algo puede ayudar este consejo: lucha por eso que te hace sufrir... suerte"
Salì, respirè, sentì los ojos hinchados como nunca, decido retomar la caminata eterna, esperando que el frio desinflame mi cara y pienso. Las mujeres viejas son sabias, sin abrir mi boca aquella mujer supo todo, o en parte, ya que no supo que ya luchè y nada conseguì... y seguì caminando, el frìo logrò desinflamar y añorar mi cama.
Al llegar me cubro con la colcha, me encojo e, instintivamente, recuerdo, otra vez, un invierno pasado, ese con olor a cigarrillo, ventana abierta y pelìcula de la Deneuve y que pasò?? mis ojos nuevamente estàn hùmedos y mi cerebro otra vez maldice a quien me quitò a Catherine Deneuve.
.
0 comentarios:
Publicar un comentario