INVIERNO

lunes, 11 de mayo de 2009


En este par de semanas he caminado tanto que me siento un poco gastado. Pero eso es bueno.

Salì... caminè un poco, leì, bebì mate. Y nuevamente a pensar... he notado que me duele la cabeza màs de lo usual, esos dolores que me pican las sienes y, de pronto, es como un portazo en la frente; esas sensaciones me dan sòlo por un motivo: cuando el darle vueltas a algùn asunto me genera el estrès de no encontrarle soluciòn, mis neuronas colapsan y no ver otro asunto màs que de color negro llevan a la frustaciòn de "la no respuesta".

Tratè de dejar mi mente en blanco pero no lo logrè. Era el momento de distraerse, caminar y observar cosas.

Al sentarme nuevamente, tomo mi termo con agua y me sirvo otro mate. Ya son las 17:30 y el frìo es màs intenso que hace un mes, ahì caì en cuenta que no he dejado de sentir mucho frìo desde hace un par de semanas. Fue puntual, un mal dìa , en la noche, frente a una fuente de agua, ese fue el ùltimo recuerdo, pues al dìa siguiente era gris, y desde entonces que no paro de sentirme helado. Y otra vez creo estar paranoico, pero es verdad, tengo pies, manos y cuerpo, en general, sumamente helado.

Dejo de reflexionar, es mejor seguir bebiendo mi bebida amarga. Es extraño tener la cabeza hacia atràs y mirar los àrboles como cuando era pequeño... me abstrae... tanto que no vi la hora y perdì la nociòn de ella. Fijo mi vista en el cielo, se estaba nublando, recordè el estado del tiempo en el noticiero anterior, por televisiòn: este martes lloverìa y Santiago estarìa muy nublado. Eso fue suficiente, tiro la hierba al pasto, cierro el termo y lo guardo.

A piernas abiertas con los codos en rodillas junto las manos, ahora miro la gravilla para no recordar que el informe del tiempo me era tan agradable antiguamente. Lluvia?? dìas nublados?? eso era exquisito, dormir con frìo, protegido... y al despertar de una siesta beber cafè en bandeja, sentado en el suelo, conversando hacia arriba de la cama, pendiente de no tirar migajas, despreciar las pelìculas de Catherine Deneuve y reìr de cualquier payasada.

Reacciono y veo nuevamente la gravilla. Me toco la cara y la noto frìa, como siempre, pero hùmeda, fui muy brusco en secarme los ojos, me sorprendo de que odio llorar, pero, màs que eso, me enoja el estar tan sensible.

De pie.

Es mejor volver, estoy sin nada mas que una corta polera de Buda, un termo y un mate en la mano.

Caminando noto que dìas muy tristes se vienen, la lluvia serà amarga... demasiado helada.



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