Siempre me retan cuando me expreso asi: "MIRA LA COLAAAA..." que suena peyorativo, que el odioso tèrmino... ñaaaa... me da igual!!!La historia comienza a la salida de la estaciòn de Metro. Un chico bajito de barba y ojos intensamente verdes me mira muy perdido: "me cuidas la maleta mientras voy a comprar cigarros??" sus ojos furon un imàn poderoso, muy intensos, sin embargo, no era el color, ni la forma, ni sus largas pestañas disparadas al cielo, naaaaa... era su lejanìa, estaba perdido pero al diablo mismo, esas pèrdidas de razòn que sòlo se logran con litros de alcohol. Lo màs extrañamente penoso es que esto estaba sucediendo a las 20:00 Hrs. un horario tan raro para estar taaaaan bebido.
Me neguè, no me interesaba cuidar la maleta de un desconocido.
Lo mirè ràpidamente, su vestuario, su andar, la maleta... claramente habìan dos indicios: era de muy buena clase social o, màs probable, era de esa rara casta gay de arribismo sin sentido; la costumbre de ahorro sin motivo, todo para comprar tus zapatos Gucci o la maletita LV con ruedas, esa maleta de exquisito color caramelo que llevarà mi ropa a... a... quizàs a ni un lado!!! porque el gay arribista DICE que va fuera de Chile de vacaciones, pero la verdad es otra.
Desvìo de tema.
Ese anàlisis visual me atrajo, al punto de observarlo còmo caminaba contorneadamente, moviendo su culito pequeño, de un lado a otro, luciendo su cinturòn blanco y logrando muuuucho ruido con sus botitas de taco texano. Entra a la botillerìa y sale tan pronto como entra. Vuelve de donde saliò: muy escondido tras la estaciòn de Metro.
Muy de reojo lo observo, sòlo fuma, perdido mirando al fondo, secando una que otra làgrima. De pronto gira su cabeza y me mira. Maldiciòn!!! fui sorprendido miràndolo. 

Mejor no lo observo màs, pero no lo logro. Vuelvo a mirar y duerme en el suelo.
Mi concentraciòn fue tal que logro comprender què sucede por mi cabeza, debìa acercarme y ayudarlo, pero si lo hacìa, el tipo se me pegarìa como lapa. Decidì ayudar desde lejos, un Carabinero sabrìa dar con su casa y llevarlo seguro.
Mientras imaginaba: pelea con su pareja, gritos, vete de aquì... què se yo. Mientras inventaba historias buscaba con la vita a algùn oficial, pero fue tarde, el chico ya se tambaleaba en pie, camino derecho, muy digno con su maletita, hasta que dio vuelta la esquina.
Quedè pensando hasta donde llegarìa y me sentì culpable... serà que peleò con alguien?? serà que me dio miedo ayudarlo?? serà que mi corazòn de abuela me traiciona. Mi conclusiòn fue rotunda, cuando trato de ayudar desinteresadamente me sale muy caro, estos meses vivì eso.
Sòlo preferì tomar el tren y salir de ahì... brrrr... hace frìo ahi...
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